Andrew O. Selsky
Associated Press
BASE NAVAL DE GUANTANAMO, Cuba — Este era un sitio olvidado antes de que Estados Unidos decidiese albergar aquí a sospechosos de terrorismo luego de los ataques del 11 de septiembre del 2001. Y pronto podría volver a serlo.
Es evidente que los días de este centro de detención están contados. El principal argumento del gobierno de George W. Bush para retener a los sospechosos aquí, sin enjuiciarlos, perdió validez cuando la Corte Suprema dispuso el 12 de junio que esos presos tienen ciertos derechos legales. Tanto John McCain como Barack Obama, uno de los cuales sucederá a Bush a principios del 2009, han pedido el cierre del centro de detención.
El próximo presidente tendrá que ver qué hace con los aproximadamente 270 presos que quedan en la base.
McCain, el candidato republicano a la presidencia, dijo que trasladaría a los reos a la prisión militar de Fort Leavenworth, en Kansas. Encontrar alojamiento para ellos allí podría no resultar fácil, ya que esa prisión tiene capacidad para 515 presos y hoy alberga a 400.
McCain quiere que los presos sean juzgados por comisiones militares, como se denomina a los tribunales para juzgar crímenes de guerra creados en el 2006. Hasta ahora 19 reos han sido encausados en esos tribunales.
Obama, el candidato demócrata, dijo que cerraría el centro de detención de Guantánamo y trasladaría a los reos a prisiones civiles y militares de Estados Unidos, incluida la de Leavenworth, según su portavoz Reid Cherlin. Obama desea que los presos sean juzgados en tribunales ordinarios o en cortes marciales militares.
El Pentágono planea juzgar a unos 80 reos en las comisiones militares y dice que hay unos 130 que son demasiado peligrosos como para dejarlos ir, a quienes no someterá a juicio. Se planea sacar a unos 60 de Guantánamo, pero no está claro adónde irán ya que sus gobiernos o no quieren recibirlos, podría torturarlos o incluso podría dejarlos en libertad, creando un nuevo riesgo para Estados Unidos.
El secretario de Defensa Robert Gates dijo hace poco que quiere cerrar la prisión de Guantánamo, pero que ``hay varios problemas’’ que complican ese objetivo.
Cualquier condena de un tribunal civil tendrá más posibilidades de resistir cuestionamientos legales, según David Glazier, profesor asociado de la Facultad de Leyes Loyola en Los Angeles. Otra posibilidad sería seguir procesos civiles o militares normales, pero sin revelar fuentes y métodos que los servicios de inteligencia consideren deben permanecer secretos.
La Corte Suprema le reconoció a todos los reos el derecho a solicitar a jueces federales la libertad inmediata. En un caso separado, un tribunal de apelaciones dictaminó que un detenido no era un enemigo de combate y ordenó a los militares que lo liberasen, lo transfiriesen o le iniciasen a la brevedad un nuevo proceso legal.
Abogados de los reos dicen que hay que cerrar el centro de detención y que los juicios por crímenes de gue-rra son injustos porque admiten evidencias conseguidas mediante interrogatorios inaceptables, que pueden haber incluido ahogamientos simulados, al tiempo que aceptan rumores como evidencia. Aseguran que entre los presos hay mucha gente inocente, que fue entregada a las fuerzas estadounidenses a cambio de una recompensa.
``El presidente Bush, nuestro comandante en jefe, tal vez involuntariamente, tal vez no, nos encaminó por una senda peligrosa, una pendiente que se hizo pronunciada, con una breve escala en un mundo maquiavélico en el que el fin justifica los medios, para luego sumergirnos en un infierno sombrío de atrocidades y crueldad, de torturas, en el que todo se vale’’, declaró un abogado de la fuerza aérea, el mayor David Frakt en un tribunal militar a mediados de junio.
Frakt representa a un afgano que según archivos penales fue privado del sueño luego de que intentó suicidarse.
Los presos fueron encerrados inicialmente en jaulas y después en contenedores, en barracones junto a un patio polvoriento y finalmente en celdas de máxima seguridad similares a las de otras prisiones estadounidenses.
La base de Guantánamo, de la que Estados Unidos se apropió durante la guerra con España a fines del siglo 19, vivió muchos períodos de expansión, seguidos por otros de olvido. A comienzos de la década de 1990, albergó decenas de miles de balseros haitianos.
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