Por Allan Wernick
Syndicated Columnist
P. ¿Si un inmigrante que entró ilegalmente se casa con un ciudadano estadounidense, puede ella conseguir la residencia permanente? Esta mujer parece no tener otro modo de conseguir la residencia permanente. Stacey Codner, Miami.
R. Sorprende a la mayor parte de las personas aprender que la respuesta a su pregunta es “en la mayor parte de los casos, no.” He escrito a menudo sobre este problema, pero ya que el Congreso ha desistido de la reforma de inmigración, vale la pena repetir las reglas.
Cientos de miles de inmigrantes indocumentados con parientes ciudadanos americanos y residentes permanentes están aquí con poca esperanza de conseguir el estado legal.
El problema proviene de la ley que requiere a la mayor parte de los inmigrantes que entraron en los Estados Unidos ilegalmente solicitar la residencia en un consulado estadounidense en el extranjero. Cuando alguien que ha estado ilegalmente 180 días o más se va de los Estados Unidos para una entrevista de visado, la ley le prohíbe volver durante tres años. La penalidad de 10 años es para alguien que estuvo ilegalmente por 365 días o más. Para volver a los Estados Unidos después de la salida, la persona tendría que conseguir un perdón por parte del Servicios de Inmigración y Ciudadanía estadounidenses.
El USCIS aprobará el perdón sólo si el candidato a la visa inmigrante puede demostrar que un cónyuge ciudadano americano o sus padres sufrirían una privación extrema si el candidato no puede regresar a los Estados Unidos. Esto es un estándar alto.
La penalidad es un problema grave para aquellos que entraron a los Estados Unidos ilegalmente y quieren conseguir la residencia permanente. A menos que un empleador o pariente haya comenzado un caso de inmigración para el candidato antes del 30 de abril del 2001, ella debe dejar los Estados Unidos y aplicar en un consulado estadounidense en el extranjero para su visa de inmigrante. Necesitaría el perdón para volver. Sin embargo, no puede solicitar el perdón hasta que salga de los Estados Unidos, y entonces un oficial consular la encontrara no elegible sin este. Si el USCIS niega el perdón, ella estará estancada en el extranjero durante tres o 10 años. La mayoría de los inmigrantes indocumentados no quieren tomar este riesgo.
Termine su primer
matrimonio primero
P. Estuve casado en las Filipinas y solicité a mi esposa para traerla aquí. Cuando supe que ella había dormido con su jefe, retiré la petición. En un reciente viaje a las Filipinas, conocí a otra mujer. Quiero traerla a Texas y así podernos casar. ¿Debo primero divorciarme de la primera mujer con la que me casé? Brian K. Muskiet, Houston.
R. Una historia triste, pero me alegro que no ha desistido del matrimonio. Antes de que pueda traer su nuevo amor, tendrá que terminar su matrimonio actual. Usted debería ser capaz de solicitar la anulación o divorcio en Texas. Será mejor si su esposa coopera, pero incluso si ella se resiste usted puede terminar su matrimonio. Terminar un matrimonio con alguien que esta viviendo en el extranjero puede ser a veces complicado. Usted debería conseguir la ayuda de un experto en ley de familia.
Ya que este es su segundo intento de traer una mujer desde las Filipinas, este preparado para hacer un esfuerzo suplementario para demostrar que su relación con su novia es auténtica “o verdadera”. Guarde todas las cuentas telefónicas, correos electrónicos y record de sus viajes para verla. Ella debe hacer lo mismo. Debería guardar archivos similares en cuanto a su relación con su esposa actual.
Aunque la relación con su novia es la que gobernará la decisión del gobierno, los archivos de su matrimonio podrían ayudar a convencer al cónsul estadounidense en las Filipinas de que sus intenciones son honorables.
Aumenta número de venezolanos pidiendo asilo político en EEUU
CARACAS — Gisela Parra empezó a temblar detrás del volante y casi chocó con otro automóvil cuando oyó la noticia por radio: acababa de ser acusada de tratar de derrocar al presidente Hugo Chávez.
Temiendo terminar en la cárcel por lo que califica de acusaciones infundadas, abordó un yate privado en medio de la noche y escapó a la isla caribeña holandesa de Curazao, camino a Estados Unidos y al asilo político.
``Yo entré en shock porque nunca pensé que algo así me podría pasar a mí’’, dijo Parra a The Associated Press telefónicamente desde Palmetto Bay, Florida, donde se encuentra entre un número creciente de venezolanos en busca de asilo en la región de Miami. ``Fue en ese momento cuando comprendí a los cubanos que escapan en balsa’’.
Parra es uno de más de 3.700 venezolanos que han recibido asilo en Estados Unidos desde 1999 aduciendo persecución política. El gobierno estadounidense, no afecto a Chávez, acepta a muchos de ellos, pero muchos más están ilegalmente en Estados Unidos y podrían enfrentar una posible deportación.
Chávez niega enérgicamente perseguir a la oposición y dijo que muchos han violado las leyes tratando de derrocarlo.
El presidente venezolano acusó a Estados Unidos de dar refugio a intransigentes que propugnan públicamente su asesinato.
``Aquí nadie persigue a nadie’’, dijo Chávez en una entrevista reciente con la AP. Decenas de fugitivos buscados por delitos en Venezuela viven en Estados Unidos, y muchos de ellos ``se ponen la mascara de (decir) ‘soy perseguido político’’’.
Acusó a Estados Unidos de conceder asilo a personas de línea dura que piden públicamente su asesinato.
Cinco legisladores republicanos _Jerry Weller de Illinois, y Lincoln Díaz-Balart, Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart y Connie Mack de Florida _ han solicitado al presidente George W. Bush que conceda estatus legal temporal a los venezolanos que viven en Estados Unidos ilegalmente.
``No hay duda de que algunas personas de Venezuela podrían tener una reclamación de asilo muy fundamentada’’, dijo el abogado Ira Kurzban, un experto en inmigración de Miami. ``Pero muchos pedidos se basan sencillamente en que Chávez está conduciendo el país al socialismo, que por sí sola no es una razón suficiente para el asilo’’.
En 1998, el año en que Chávez fue elegido por primera vez, Estados Unidos concedió asilo político apenas a 14 venezolanos, según la Oficina de Estadísticas de Inmigración. El año pasado la cifra ascendió a 1.085, en comparación con 2.431 de Haití y 1.508 de China.
Parra dirigía el Consejo de la Judicatura de Venezuela _un organismo gubernamental que ejerce control administrativo sobre los tribunales_ hasta que los aliados de Chávez la destituyeron en 1999. Durante un intento golpista en el 2002, ella y otra veintena asistió al juramento de un prominente líder empresarial como presidente interino, pero los leales dentro del ejército frustraron el intento y repusieron a Chávez en el poder.
En marzo del 2005 fue acusada de rebelión y decidió huir. ``Yo era un buen ejemplo para decir al resto: ‘bueno, mira lo que le pasó a ella, pónganse en fila para lo que les espera’’’, dijo Parra. Finalmente le concedieron asilo político en noviembre del 2006.
Entre los exiliados en la Florida también se encuentra la profesora universitaria Vilma Petrash, de 48 años.
Afirmó que semanas después del golpe, un simpatizante de Chávez la abordó súbitamente durante una manifestación de protesta y le advirtió que ``algo malo le podría pasar’’ si continuaba en el activismo político.
Después apareció una nota en la puerta de su oficina. ``Vilma Petrash, golpista, terrorista, no te queremos en esta universidad’’.
Las amenazas telefónicas persistieron. En una de ellas, un hombre le dijo que sabía en que escuela estudiaba la hija de Petrash de 5 años y que podría ser secuestrada.
El dirigente empresarial Carlos Fernández expuso que fue perseguido de pronto por su participación en la huelga de trabajadores petroleros, grupos empresariales y sindicatos que organizó la oposición en el 2003.
Señaló que hombres armados y embozados que hablaban con acento cubano lo secuestraron y lo llevaron a una instalación de la policía secreta, donde fue desnudado y arrojado a una celda oscura. Al día siguiente fue liberado, pero comenzó a recibir amenazas anónimas.
``En varias oportunidades tuve que salir de los sitios donde dormía para irme a otro lado con los guardaespaldas y el chofer porque me decían ‘Sabemos que estás en tal sitio y ya vamos para allá y te vamos a agarrar y te vamos a matar’’’, recordó Fernández.
Viajó por mar a Curazao en el 2003 y más tarde se reunió con sus tres hijos en Miami. Pero su esposa todavía está en Venezuela esperando la visa para ingresar a Estados Unidos.
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